Ya entendí el momento,
lo viví porque tenía la capacidad de vivirlo,
de encararlo,
de sobrellevarlo,
de experimentarlo,
de soportarlo.
Pero eso ya pasó,
ahora nos introducimos en otro tiempo.
Y huele a cobardía,
proyección o no, cobardía.
Sería muy superficial decir:
"Me siento como en el desierto"
Sería muy superficial decir algo de aquéllo...
Pero me encuentro extasiada de lo que no hay,
no es un peso ni una carga,
ni tampoco una situación sin importancia,
sólo que el equilibrio empieza a ser más
y a inundar mis nervios, mi voluntad. Todo.
En este tiempo, después de nombrar tanto la palabra tiempo,
de vivirla, de experimentarla, de despreciarla, pero al fin, de amarla,
lo poco ya no es nada y lo mucho también es nada,
nada abarca a todo,
y todo abarca al éxtasis.
Es en ése éxtasis donde me encuentro,
llamalo soberbia, llamalo vanidad, llamalo amor...
Sólo digo, que en la preparación, o en la no preparación,
Dios sigue derramando Gracias
aunque mi pecho vaya a explotar del sufrimiento,
y cada día se intensifique,
hasta llegar al tercer día,
y que los momentos esperen más,
que esperen...
Que esperen porque hoy, es otra cosa.
Rodilla y silencio Señor.
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