martes, 1 de febrero de 2011

Se acaban las cartas por segunda vez, se cambia la agonía por agonía, propia por ajena, ¡qué básicos somos!
Un eco de luz natural que aplasta el corazón viejo, TRAGEDIA como palabra clave en un aguijón de recuerdos olvidados. Entiéndeme, opaco es lo llamativo de mis ojos pecadores y blasfemos. Intuyo una metáfora perdida en el lenguaje del Toro y abro la correspondencia poética en posición horizontal mirando el azul de las estrellas o nada, porque eso carece de sentido. Estoy acostada en el umbral de mi pasión, acompañada de caricias y cantos provenientes de ángeles convertidos en la Sangre y la Luz. Aquí no hay ley, todo está encendido...

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