Todavía no, no toqué mi techo, notarás cuando me eleve de verdad, ¿Lo notaste?
Por favor, hace de cuenta que no escribo esto, soy otra persona, no veas mi cara, no veas mis dedos escribiendo, ni mi concentración, ni mi oído atento, sólo lee.
De todos modos buscaba una respuesta y la encontré. Antes de embellecer mis gestos con la falsa alegría, que, lamentablemente tengo que actuar por mi debilidad y mi original predisposición a ser tentada por la tristeza, consecuencia de una desconformidad en el Plan de Dios, de una falta de Cristo notablemente visible; me preparo, las exclamaciones, los paréntesis, los signos de interrogación, las comas, los puntos, la mierda, y todo lo que hay entre tú y yo, son mentira. Lo único que hay entre nosotros, lo único que nos impide unirnos, mi amor, soy yo. ¿Por qué culpar el exterior? Exquisitamente lo saboreo todo el tiempo, siento lo que no entiendo y entiendo lo que no siento, también vivo, cuando quiero. Pero hoy no entiendo explicación, no necesito, debo ir para allá, debo estar allá, debo quedarme allá, contigo, tú conmigo y él como nosotros, es simple, sí que lo es. No me molesta destapar las miradas, no tengo la culpa de tu maquinaria cabeza, no crees en más, no confías, ¿En qué momento sos Cristiana? ¿Tenes "doble vida"? A juzgar, por Dios.
Bueno, hoy tu mirada se clavó en mí, qué raro, las sombras pasaron y fueron mías, salieron de mí, y tú me mirabas. Confortable Señor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario