Los dos entendemos ciertos placeres carnales, vivimos destellos de lo que ellos significan para los demás, caemos en las redes del desenfreno, de la elevación, de seguir hasta tal punto que el límite es necesario para que no haya ninguna confusión.
Re acomodando las sensaciones siempre consoladoras a nuestro paso, también percibimos algún tipo de atadura. Alguna vez le dije que se dejase llevar y no me escuchó, convulsionaron nuestros lazos, no nos conocíamos demasiado como para abrirnos de esa forma, pensó... Pero no importa, de las palabras cobardes proviene esa situación, ahí está guardada y no se irá hasta que te des cuenta de que no pudiste.
Pero como siempre termino hablando de dos personas, o tres quizá. Todas con sus corazas, triste consecuencia de la realidad, es algo como bloquear un sentido para no recordar, hundirse en la fría soberbia para no ver, creer todo o no creer nada por no creer, por no tener esperanzas ni fe.
Pero aquí estamos, con algún tipo de cercanía a la locura ustedes, estando entre la multitud pero no estando estaremos, mientras todo pasa y carecemos de lenguaje, de comunicación, pero abundan los dones, abundan sus similitudes y yo me contento, me admiro de verlos tan parecidos.
Todos aquí nos matamos un poco, tirando las botellas y percibiendo aromas de otros tiempos, pidiendo al cielo ser más fuertes, acabar con las debilidades, fortalecernos. Abrazos abiertos nos esperan, la vigilia existe, está, nos llama, nos pide respuesta. Y entre nosotros nos acompañamos a escapar de cada uno, pero nos acompañamos. No olvidemos que las horas no renacen, seremos pájaros multiplicados en el cielo, caminando sobre maíz para llegar, seguidos por perros y no por rostros lindos, oprimidos por serpientes, necesitados de un respiro, de un soplo, de un aliento. Un lamento que estalla en dolor, y alguien oye...
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